domingo, 3 de septiembre de 2017

Escritura de Dios y voz degollada. El libro de Oscar Rivera-Rodas


















 

 

 

 

 

 

Escritura de Dios y voz degollada. El libro de Oscar Rivera-Rodas

 

Autor: Marco Antonio Loza Sanjinés


Introducción


Oscar Rivera-Rodas (La Paz, 1942) fue profesor universitario de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz Bolivia, en las cátedras de Teoría Literaria y Literatura Latinoamericana, ha publicado, junto con sus ensayos literarios, libros de poesía, actualmente es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Tennessee.

Sus libros de poesía: Dársena del tiempo y Testimonio de la ausencia (que ganó el premio boliviano “Franz Tamayo” de poesía en 1967) para nosotros permanecen en el misterio, en cambio, algunos de sus ensayos literarios siempre estuvieron a nuestro alcance. Recordamos su hasta ahora —para nosotros— mejor trabajo ensayístico: Cinco momentos de la lírica hispanoamericana. Subtitulada como: Historia literaria de un género (1), en el que hace un recorrido brillante de la poesía hispanoamericana, que él divide en cinco momentos. 

Elije, para caracterizar cada uno de los cinco momentos, la visión del mundo que constituye una perspectiva común en los autores estudiados. El primer momento sería el de la “Poesía de Enunciación” en el que estudia, entre otros, a José Martí, en el que se juega su visión subjetiva. El segundo momento es el de la “Poesía de Revelación”, fundada en una visión objetiva, estudia entre otros a Rubén Darío y a Amado Nervo. El tercer momento es el de la “Poesía de Sugestión”, que comienza su estudio de una corriente más larga, la del Modernismo, la poesía de Sugestión presenta una visión fragmentada del mundo, en el que cada fragmento es una realidad nueva. El cuarto momento es de la “Poesía de Disociación”, en el que el poeta se niega a conocer el mundo, es una agnosis voluntaria del mundo, del hombre y de sí mismo, en el que el paradigma es la obra de César Vallejo. El quinto momento es la “Poesía de Identificación”, es el retorno del largo viaje de la poesía para “asentarse, agotada, en un medio con sólidos asideros”, se reconoce en su identidad, entre los poetas de este momento están el chileno Pablo Neruda, el boliviano Oscar Cerruto y el mexicano Octavio Paz.

Como sostiene Luis H. Antezana en sus Ensayos y lecturas (2), a la cosmovisión hay que añadirle el estilo en la manera de leer que tiene Rivera-Rodas, la literatura así operaría como un modo de conocimiento. “La manera como el poeta articula sus palabras implica un cierto estilo que es, en cuanto a su contenido, una cierta cosmovisión.” (Antezana, Ibídem).

La escritura como imposición


Este breve recorrido por uno de sus principales libros nos sirve para distinguir el modo de lectura que Rivera-Rodas emplea en el libro que ahora nos ocupa. En: “Escritura de dios y voz degollada” (3), también busca la visión de mundo y el estilo con el que se inauguran las letras en América; la oposición: Voz y Letra le sirve para recorrer ambos dominios.

La voz de los habitantes originarios del mal llamado “nuevo mundo”, inaudible para los españoles, se enfrenta con la(s) Escritura(s) que imponen los extranjeros, la Voz es degollada, mientras que la escritura se escribe con sangre sobre el cuerpo de los vencidos (4), sintomáticamente en el de Atahuallpa.

Rivera-Rodas rastrea este «choque», entre la Voz y la Escritura (recogiendo también su sentido religioso), en tres textos que forman el origen de las letras americanas: Ynstruçion (1570) de Diego de Castro Titu Cussi Yupangui; La nueva corónica y buen gobierno (1615) de Guamán Poma de Ayala y los Comentarios Reales que contiene dos partes, una de 1609 y otra de 1617, del Inca Garcilaso de la Vega.

La historia que narran estos textos es bien conocida. Francisco Pizarro se entrevista con Atahuallpa, acompañado de un séquito compuesto de soldados, un intérprete y el clérigo Valverde, después de hablar y sin llegar a entenderse, interviene Valverde mostrando y dándole a Atahuallpa una biblia, al no obtener la reverencia a la “palabra de dios”, comienza la matanza y el apresamiento del Inca.
Los tres textos, sin embargo, tienen tenues diferencias que serán las bases de la investigación que realiza Rivera-Rodas, pues: “No discutiré el grado de objetividad de los sucesos narrados, sino la forma como esos hechos son expresados. Tampoco discutiré la historicidad de los sucesos, sino el modo como la percepción y comprensión indígena los ha fijado por primera vez en la escritura. Las tres versiones son básicamente reflexiones sobre el lenguaje y la historia, y su recepción a través de la escritura y la lectura.” (Pág. 59)

La lectura de Rivera-Rodas, parte pues de entrever la cosmovisión de los autores de los tres textos mencionados y del estilo que utilizan.

Oralidad y escritura


Hay algo que está presente en los tres testimonios que narran el encuentro entre los españoles y los incas, a la descripción asombrada de los extranjeros (la barba rubia o castaña, sus ropas que cubren todo el cuerpo, los grandes animales sobre los que cabalgan, el dominio del rayo o del arcabuz), añaden el del lenguaje escrito:

En Titu Cussi Yupangui: “Y también los llamaban ansí, porque les habían visto hablar a solas en unos paños blancos como una persona hablaba con otra, y esto por el lleer en libros y cartas […]”
También Poma de Ayala: “Y que de día y de noche hablaban cada uno con sus papeles —quilca— […]” (5)

Recordemos aquí, que cuando el clérigo Valverde exhorta a Atahuallpa a que se convierta al cristianismo mostrándole una biblia, éste le contesta que el único dios es el Sol y tomando el libro intenta oírlo y al no escuchar nada lo lanza al suelo, es decir, dicho sea de paso, no muestra ningún temor frente a los españoles y su escritura.
 
Vemos pues, claramente el choque entre la escritura y la oralidad, que Rivera-Rodas denomina “tradiciones lingüísticas”: la cristiana, con su “estimación supersticiosa” de las escrituras sagradas, y la indígena, fundada en la tradición oral, que carecía de “especulaciones en la comunicación pragmática”. Rivera-Rodas se detiene luego, en el análisis de ambas “tradiciones”: la tradición de la escritura, traída por los españoles y la tradición oral, la de los pueblos originarios del continente.

Fiel a su formación literaria, Rivera-Rodas, analiza la escritura europea por medio de dos figuras retóricas, que denomina “armas retóricas”: ars praedicandi y ars dictaminis (aunque no profundiza demasiado en su análisis). Los españoles llegaron con dos actores que consuman la invasión: los guerreros y los retóricos, éstos últimos son los clérigos que, como Valverde, fueron formados en las artes retóricas del medioevo europeo.

En cambio, la tradición oral de los pueblos originarios de América, se perdió para siempre, simbólicamente, con la degollación y muerte de Atahuallpa, “[…] que significa también la aniquilación del sujeto del discurso indígena. Degollado el sujeto enunciador, su enunciado —su discurso oral— ingresaba también en un estado de agonía. Su voz mutilada se extinguirá inevitablemente. Quedaron ciertamente en el espacio simbólico indígena algunos ecos precarios de ese discurso que provocó más tarde esfuerzos inútiles de recuperación.” (Pág. 74). Lo que implica su nula o casi inútil averiguación, no tendremos nunca más acceso a la tradición oral de los pueblos que poblaron el continente americano, lo oral, con el degollamiento de la Voz (sobre la Voz como causa objeto de deseo Cf. La Voz como...) de Atahuallpa se transformó en lo imposible de nombrar.

Las trampas de la escritura


Como sostiene Nathan Wachtel (6), un sistema de dominación, como la española con su tradición escrita, obliga al dominando a adoptar alguno o muchos rasgos de la cultura dominante, sin embargo, las culturas no se componen de capas superpuestas, sino que son hechos globales, los indígenas mantuvieron un grave conflicto para ordenarlos en un todo coherente. Frente a este grado de aculturación, Wachtel se pregunta: los indios más aculturados “¿cómo responden al problema de la dominación española?; ¿su aculturación traduce una adhesión incondicionada, una aprobación de la situación colonial?” (7).

Los indios más aculturados son pues los que escriben, los que adoptan la retórica de los invasores, pero, como señala Rivera-Rodas, lo hacen para “disentir y desistir”, es el caso del Inca Garcilaso, que utiliza la “letra advenediza” para criticarla lingüísticamente. “La historia del aprendizaje de la lengua advenediza fue sobre todo un aprendizaje de la misma según la historia de la violencia y desigualdad vivida.” (Pág. 178)

Sintomáticamente, los primeros textos de las “letras americanas”, que aparecen a mediados del siglo XVI, no son novelas, ni poemas, ni comedias, sino manifiestos, demandas, escritos de protesta, cada autor examinaba la nueva sociedad, así su escritura enfilará hacia un pensamiento crítico que será el sello de las letras americanas, “[…] comunicar a través del testimonio escrito lo que se hizo oralmente, desde los inicios del coloniaje: asumir la disidencia.” (Pág. 178). Uno de los primeros textos que muestra este rumbo es el de Felipe Guaman Puma de Ayala (1535 - ¿1615?), hacia 1600 escribe “una carta al rey”, protestando por el maltrato dado por las autoridades eclesiásticas y administrativas hacia los “indios ladinos” porque habían aprendido la lengua española y habían comenzado a protestar en la lengua de los extranjeros.

El conjunto de cartas, manifiestos y crónicas que aparecen de la mano de los primeros escritores de américa, son la representación del triunfo de la escritura sobre lo oral, se renueva así el degollamiento de Atahuallpa, al mismo tiempo, representan la aprehensión y la posesión definitiva de la escritura de los pueblos originarios de este continente.


Los niveles del relato de los Comentarios reales del Inca Garcilaso


Los primeros escritores americanos pusieron la escritura al servicio de la historiografía, su interés era intentar pensar el pasado indígena desde su presente colonial, intentaron recuperar el discurso de la tradición oral desde un “ahora no deseado de destrucción e incertidumbre desde el cual poco se podía escribir de la tradición propia.” Esta nueva forma de ver la escritura, desde una tradición oral, hizo que los primeros intelectuales de América, construyeran sus intereses desde la perspectiva de “la vida moral y natural”. Así, los Comentarios Reales del Inca Garcilaso narran la historia de los gobernantes incas en la forma de una acción moral continuada; de la misma manera Guaman Poma de Ayala en su Nueva corónica y buen gobierno no busca una relación empírica de los hechos históricos del incario, sino una visión moral de ésta.

Para encontrar esta estructura narrativa, Rivera-Rodas, se detiene en dos niveles estructurales de la obra de Garcilaso, primero, en un relato a dos niveles interiores (el nivel del cronista y el relato del tío de su madre), segundo, el nivel externo de los comentarios del narrador, que correspondería a un nivel meta-narrativo, ya que comenta el relato que hace. Un ejemplo de este nivel narrativo es su negación a dar crédito al discurso teológico del primer inca, Manco Capac, ni de los que le sucederán, Garcilaso se da a la tarea de deconstruirlo, lo que hace que se lo vea como un convencido de la “imaginación cristiana”, que Rivera-Rodas ve como la causa de las contradicciones y conflictos que se proyectan en su texto.

Rivera-Rodas, describe esta estructura externa, a su vez, en dos niveles: “La deconstrucción del mito incaico” y “El concepto ético de la Historia”. En el primero, frente al “discurso del sol”, que es el mito del origen de Manco Capac, Garcilaso nos ofrece su propia versión que tiene un carácter ambiguo, pues ni contradice ni acepta la tradición incaica que él mismo había construido, este es el “nivel del metarelato”, Garcilaso dice:

“Lo que yo, conforme a lo que vi de la condición y naturaleza de aquellas gentes, puedo conjeturar del origen de este príncipe Manco Inca —que sus vasallos, por sus grandezas, llamaron Manco Capac— es que debió ser algún indio de buen entendimiento, prudencia y consejo y que alcanzó bien la mucha simplicidad de aquellas naciones y vio la necesidad que tenían de doctrina y enseñanza para la vida natural. Y con astucia y sagacidad, para ser estimado, fingió aquella fábula diciendo que él y su mujer eran hijos del sol: que venían del cielo y que su padre los enviaba para que doctrinasen e hiciesen bien a aquellas gentes (II, 77)” (8). Y, sin embargo, en el nivel del relato Garcilaso registrará puntualmente el “discurso del sol”, que no implica una contradicción, sino mantener el nivel del narrador y mantener al autor como comentarista, de ahí que a su obra la tituló: Comentarios reales.

El segundo nivel de la narración, el de “El concepto ético de la Historia”, Garcilaso construye al personaje de su historia, se trata del “rey de los incas”, un ejemplo de conducta moral, modelo que deberán seguir los demás Incas, todo lo cual Rivera-Rodas reúne en un “discurso teológico original y arquetípico”, que marcará la forma en que se presentarán, más tarde, en el texto de Garcilaso las doce dinastías del Capa Inca. Garcilaso llama a estos Incas, continuadores de Manco Capac, “amadores de pobres”, haciendo de ellos el ejemplo de un comportamiento moral, del mismo modo, es un modo, concluye Rivera-Rodas, de experimentar la extinción de su cultura, “[l]a conciencia histórica del escritor indígena está marcada por la desaparición de sus tradiciones y su cultura” (Pág. 198)

El deseo de «indianización» de Guaman Poma de Ayala


Si en lo obra de Garcilaso, hay un deseo de “«incanizar» la conquista”, en la obra de Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno, existe el deseo de “«indianizar» a los cristianos para superar la corrupción social en el coloniaje.” Guaman Poma va, en la historia, más atrás que Garcilaso, él quiere encontrar la prehistoria de los incas. De la obra de Guaman Poma se ha escrito mucho, de diversas maneras, desde diversas perspectivas (existen dos versiones de su obra), nos concentraremos aquí, comentario al fin, en lo que nos parece lo nuevo en la lectura que realiza Rivera-Rodas.

Acudiendo a figuras bíblicas, Guaman propone una prehistoria de los Incas, que Rivera-Rodas lee como ideología, pero que Guaman define: “[p]ara Guaman Poma el enunciado lingüístico doctrinario no puede estar separado del comportamiento individual y la acción social del mismo individuo” (Pág. 206), lo que lo equipara a las posiciones actuales de filósofos como Jurgen Habermas y su pragmática del lenguaje. En Guaman Poma, los cristianos no parecen seguir la ideología que, mediante el arte de la predicación (ars praedicanti) trajeron en su conquista, por eso a los indios no la aceptaban, pues los actos de habla de la predicación eran enunciados vacíos, aquí se presenta la obra de Guaman como la de indianizar a los cristianos, pues, aquí Rivera-Rodas enumera dos resultados:

“a) La vedad estaba con los indígenas, aunque éstos fueran llamados «bárbaros», porque su comportamiento fue de respeto a sus propias concepciones y éticas; por el contrario, esa misma no se percibía en los españoles.
“b) que no puede ser la doctrina cristiana paradigma de la perfección, ni es necesario ser cristiano para ser ejemplar.” (Pág. 206)

Guaman enfrentaba los conceptos de verdad y falsedad bajo los presupuestos de la ideología del coloniaje, de ahí que se hacía necesaria la recuperación del pasado y por tanto del pensamiento indígena, Guaman Poma de Ayala, al igual que Garcilaso, no tenía más camino que la historiografía en lengua castellana.

Notas


(1). Oscar Rivera-Rodas. Cinco momentos de la lírica hispanoamericana. Historia literaria de un género. (La Paz: Instituto Boliviano de Cultura, 1978)
(2). Luis H. Antezana. La obra critica de Oscar Rivera-Rodas. En: Ensayos y lecturas. (La Paz: Ediciones Altiplano, 1980), págs. 129-143)
(3). Óscar Rivera-Rodas. Escritura de dios y voz degollada. Orígenes de las letras americanas. (La Paz: Plural Editores, 2016). Todas las citas entre comillas pertenecen a esta edición.
(4). “En nuestra memoria colectiva, la aventura de los conquistadores evoca imágenes de triunfo, de riqueza y de gloria, y aparece como una epopeya. La historiografía occidental asocia el «descubrimiento de América» a los conceptos de «Renacimiento» y de «tiempos modernos»; la expedición de Cristóbal Colón coincide con el comienzo de una nueva era. Pero se trata de una era nueva para Europa. Desde la perspectiva de los indios vencidos, conquista significa un final: la ruina de sus civilizaciones. Para «descubrir» realmente América, el historiador nacido en la sociedad de los vencedores debe despojarse de sus hábitos mentales y, en cierto modo, salirse de sí mismo.” Nathan Wachtel. La visión des vaincus, traducido como: Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española (1530-1570). Trad. Antonio Escohotado. (Madrid: Alianza Editorial, 1976)
(5). Tomado de Nathan Wachtel, ob. cit. Págs. 48-49
(6). Wachtel. ob. cit. Pág. 213 y ss.
(7). Wachtel, ob. Cit. Pág. 242
(8). Guaman Pomo de Ayala. Citado por Rivera-Rodas, pág. 195

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