domingo, 13 de agosto de 2017

El oráculo y la otra virilidad. La otra escena en la novela de Cristina Peri Rossi: “La nave de los locos”
























 

El oráculo y la otra virilidad. La otra escena en la novela de Cristina Peri Rossi: “La nave de los locos”



 Autor: Marco Antonio Loza Sanjinés




“Dios está dormido
y en sueños balbucea.
Somos las palabras de ese Dios
confuso
que en eterna soledad
habla para sí mismo”

Cristina Peri Rossi


El largo sueño de X


Equis es el protagonista de la hermosa novela de Cristina Peri Rossi: La nave de los locos (1). Equis, cuenta un sueño al final de la novela, ese sueño es, al mismo tiempo, la justificación y el motivo sobre el que gira toda la novela, es su “comienzo inicial” (2), es el que cierra y comienza toda la novela.

El sueño, contado por el mismo Equis, es este:

«[…] Hay un sueño que se repite, opresivo, recurrente. En el sueño un viejo rey, enamorado de su hija (y su hija eres tú, apareces en el sueño como la hija deseada por el rey que no se atreve a llamarla por su nombre, pero equivoca el de sus esposas y concubinas) propone una adivinanza a los pretendientes. Yo tengo que resolver el acertijo si quiero ser digno de la hija del rey. El enigma dice: ¿Cuál es el tributo mayor, el homenaje que un hombre puede hacer a la mujer que ama?

En el sueño Equis no logra dar la respuesta, lo averiguará después y este es el viaje que realiza toda la novela, no por nada en la mayoría de los títulos de los capítulos en que está dividida la novela se encuentra presente el sintagma: “El viaje”.

Los viajes de Equis


El sueño o la ensoñación siempre es un largo o corto viaje, y el contenido del sueño siempre tiene que ver con el cumplimiento de un deseo, ahora bien, qué sea un deseo es algo que debe ser aclarado, no es un querer algo por más loco que sea, sino siempre un vacío, algo inhallable, es la fractura de lo verdadero, su hiancia más radical. En la novela de Peri Rossi, este sueño (corto o largo viaje hacia el deseo) se encuentra en la división casi autónoma de los capítulos que la componen, se encuentra en una búsqueda de unidad que fracasa constantemente, por eso cada capítulo es un viaje, algo que comienza y termina, todo viaje, lo sabemos desde la Odisea, siempre es un viaje de regreso, “aunque después regresen del regreso” (3). Equis es el Ulises moderno que se encuentra en un “viaje incesante, la gran huida, la hipóstasis del viaje” (4).

Equis es un viajante desde hace nueve años, sus trabajos van desde enseñar “romanticismo alemán”, hasta barrer en los andenes del metro, Equis, ya se habrá notado, puede ser cualquier hombre, porque de eso sí, estamos seguros, Equis es un personaje perfectamente masculino y esto tiene una gran importancia en la novela.

Equis, es la «X», la letra que puede tomar cualquier valor, pero también la «x» de: “Extranjero, Ex. Extrañamiento. Fuera de las entrañas de la tierra.” Equis del huido, del exiliado, del expulsado. Es la «X» de “Quienes caminan hacia su hogar entre los muertos por la vasta carretera del mundo — Y así junto a un triste amigo, quizás un receloso enemigo, hacen el viaje más monótono y más largo” (5).

El viaje de Equis es un viaje cuasi iniciático, es un viaje forzado, de descubrimiento, ya que lo que encontrará no le será dado por la voluntad sino la del Otro. Equis no busca nada, sólo halla, no tiene un plan, no tiene un destino preciso, en la novela no existen referencias de algún lugar concreto, todos los lugares son el lugar, en todos ellos Equis es extranjero.

La mujer y su “pasado”


La nave de los locos, la “Estultifera Navis”, es ese lugar que Michel Foucault (6) sitúa su origen en los leprosarios, el lugar de la exclusión, el lugar de lo extraño, de los extranjeros, a quienes se teme y se los circunda con un círculo sagrado, figura que atesora el signo de la exclusión. 

El viaje de Equis lo lleva (es curioso que una de las acepciones de la palabra: “lleva”, tenga que ver, como nos lo dice el diccionario de María Moliner, con aquel “Escrito que acompaña a un envío o a una cosa que se transporta, con la relación de las cosas que se envían o llevan, generalmente por duplicado para que el que lo recibe firme uno de los ejemplares y lo devuelva al portador como garantía para el remitente.”) desde la ciudad de los hombres hacia el lugar de su exclusión, la nave de los locos lleva a Equis —pero él no lo sabe— hacia un descubrimiento imposible.

Este descubrir está revelado paso a paso por la escritura de Peri Rossi, cada capítulo lo/nos acerca a la solución de la pregunta capital: ¿cómo un hombre se relaciona con una mujer?, todo comienza en el Capítulo III cuando Equis descubre que “el hombre es el pasado de la mujer”, y este primer hallazgo se encuentra en la escena de una película, que Equis mira una y otra vez (encadenado como algún hombre a lo escópico), en la que Julie Christie, tal como en la conquista de Leda por el cisne, es sometida por la “cosmogónica deflagración del orgasmo macho, especialmente de los hombres tontos y ciegos, incapaces de oponerse a la máquina y su furor”.

Allí, en ese cine, Equis, mientras observa una y otra vez el funcionamiento de la “máquina fálica”, va cambiando las imágenes del pésimo filme de Danniels, por la figura de Julie Christie, a quien imagina susurrando: “el hombre es el pasado de la mujer, un pasado tosco, anterior a la conciencia, deplorable, como todos los pasados”. Si el hombre es el pasado de la mujer, entonces el futuro del hombre es …

Equis: Los hombres y las mujeres


Los personajes que acompañan a Equis, también son extranjeros, exiliados, está Vercingetorix, que es un justo exiliado político, está un tal Morris, enamorado de un niño de nueve años, precisamente como lo estaría el Piloto del Principito, están Eva, Graciela y Lucía, las mujeres que representan, para Equis, a Julie Christie, pero también está ese personaje que ha estado en la Luna y que no se acostumbra a vivir en la Tierra, el ex astronauta Gordon. Todos están sometidos a la tiranía de la expulsión, viajeros de la “Nave de los locos”.

Eva, tiene un capítulo para ella sola, el fragmento de sus Confesiones brilla por su ironía y su humor, cualidades que transmite a todo el programa narrativo de Peri Rossi:

Inscrita, desde que nací, en los conjuros tribales de la segunda naturaleza, igual que los iniciados, experimento la imposibilidad de escapar a las ceremonias transmitidas por los brujos a través de los años, de palabras y de imágenes; luego de someterme a los ritos y a las convenciones, a los juegos, a las danzas y a los sacrificios, no puedo retroceder. El castigo, para la iniciada que huye, es el desprecio, la soledad, la locura o la muerte. Sólo resta permanecer en el templo, en la casa de los dioses severos, colaborar en la extensión de los mitos que sostiene la organización y el espíritu de la tribu, sus ideas dominantes y ocultar para siempre los conflictos que esta sujeción plantea. Cuando experimente una cierta repugnancia ante el gesto ritual, es posible ir a llorar al bosque o realizar abluciones matinales en el río.

En la novela de Peri Rossi, los personajes, hombres y mujeres están siempre en tránsito, siempre expulsados,  desterrados de las imágenes que cotidianamente se nos presenta de los hombres y las mujeres, los viajantes dudan de sus papeles, se enamoran de verdad con el saber que encierra el otro, desaparecen, como ocurre con Vercingetorix que, sin preparar su viaje, ni despedirse de sus amigos, se marchó acompañado de siete hombres que le cubrieron los ojos con una manta, le hubiera gustado, sin embargo, despedirse del vendedor de diarios “que le susurraba nombres de caballos en las carreras de los sábados”.

Las mujeres, en la novela de Peri Rossi, se muestran como exiliadas del mundo, tal como se encuentran representadas en: “El tapiz de la creación”, que Peri Rossi desmenuza con cruel detenimiento en los intervalos de la novela (nave-la), que describe la “inferioridad” de la mujer frente a la “superioridad” del hombre. Si Eva fue creada como el suplemento de Adán, el personaje Eva de la novela escapa de esa fatalidad, es una mujer “inteligente y sensual” alguien que “-no emplearía jamás una palabra que no sonara bien. Por eso vive sola […]” y por eso los hombres no la entenderían nunca. Además, Eva, tiene un hijo, Percival, tan agudo, claro y tenaz como el Principito de Saint-Exupéry, conocemos más de Eva a través de él.



El oráculo y el tapiz


Hay un leitmotiv, una melodía, que es la que otorga vigor a la novela: “El Tapiz de la Creación”, que Cristina Peri Rossi interpreta eruditamente a lo largo de toda la novela. El mencionado tapiz, que se encuentra en la catedral de Gerona, muestra el momento de la creación, es la explicación gráfica de la relación desigual entre un hombre y una mujer, “[e]n el tapiz, como en ciertos cuadros se podría vivir, si se tuviera la suficiente perseverancia”, se muestra allí la armonía con la que se relaciona la vida del hombre, el mundo-vida y el sistema-mundo están a su disposición, Adán, desde su puesto privilegiado, va nombrando las cosas y a los animales de este mundo (y quizá del otro), hay un rasgo que admira el narrador omnisciente en la novela: la geometría del tapiz, esa proporción tan exacta “que aun habiendo desaparecido casi su mitad, es posible reconstruir el todo, si no en el muro de la catedral, sí en el bastidor de la mente”, este “bastidor de la mente” que es la “X” (Equis) donde cualquier hombre y cualquier mujer debe encontrar el valor, que será la suya.

Pero, esa geometría en realidad es desigual, pues Adán está presente con una gran figura, mientras que la figura de Eva, diminuta, apenas sale de una de sus costillas, esta inferioridad de Eva respecto de Adán en el tapiz tiene una doble función, por un lado, funciona como metáfora universal; por otro, es la hipótesis reparadora y comprensible del mundo-vivible.

El Tapiz de la Creación descubre —como en el sueño platónico (7)— en una realidad previa un saber que el «hombre» (8) inventa. 

“La nave de los locos”, escapa a este discurso ordenador del mundo-vida, haciéndose cargo del residuo que queda del molino de las palabras de ese saber inventado por el «hombre» y que El Tapiz de la Creación hace de él una gráfica, una geometría, donde la ciencia no estaría lejos de este invento. La novela, por el contrario, opone, no un Cuarto Propio como proponía la brillante Virginia Wolf, sino la palabra oracular, puesto que “[e]l oráculo, como modo de decir, ante todo consiste en no dar explicaciones. Explicar es desplegar y el oráculo es algo plegado…”, pues “la palabra que se explica está condenada a la chatura” (9), en cambio la palabra oracular es el surgimiento nuevo de la verdad, no una nueva verdad. La novela oracular de Peri Rossi, nos abre a lo lúdico, a esos juegos de la lengua que hacen signo, que no revelan ni esconden, que no dicen ni se callan.

La solución del enigma


El enigma mayor reza:

“¿Cuál es el tributo mayor, el homenaje que un hombre puede hacer a la mujer que ama?”.

Este enigma es “mayor”, porque pone en cuestión precisamente aquello que no existe, aquella relación siempre fallida entre un hombre y una mujer, si no hay manera de encontrar aquello con lo que un hombre rinda un homenaje a una mujer, ¿cómo se sostiene la pregunta?, se sostiene como enigma, es decir, no es en realidad una pregunta sino una adivinanza y, como en todo acertijo, la respuesta se encuentra en la misma frase que enuncia la falsa pregunta.

Un hombre que ama sólo puede ser uno que al hacerlo se feminiza, aquel que reconoce su falta, por tanto, aquel que ofrece “¡Su virilidad!”.

En el Tapiz de la Creación: “Faltan enero, noviembre, diciembre y, por lo menos, dos ríos del paraíso”

Notas


(1) Cristina Peri Rossi. La nave de los locos. (Barcelona: Seix Barral, 1984). Todas las citas entre comillas han sido tomadas de esta primera edición.

(2) Siguiendo al Heidegger de: Sobre el comienzo. Trad. Dina V. Picotti C. (Buenos Aires: Editorial Biblos, 2007)

(3) También puede existir un arrepentimiento del regreso y así: “Todos regresan al país aunque después regresen del regreso”, frase de “Recuerdos Olvidados” de Mario Benedetti, citado en: Eduardo Mitre. Las puertas del regreso. (La Paz: Plural Editores, 2016). Pág. 113

(4) “En cuanto a los nombres, Equis piensa que en general son irrelevantes, igual que el sexo, aunque en ambos casos, hay gente que se esfuerza por merecerlos. Una vez se entretuvo haciendo una lista de nombres posible para él. Ulises era adecuado para destacar la condición de viajero, pero sus resonancias literarias lo determinaban demasiado.” En un homenaje a Rayuela de Cortázar, habría escogido Horacio, pero era imposible dado el supremo papel de aquella novela.

(5) E. M. Forster. El viaje más largo. Citado como epígrafe en: Jaakko Hintikka El viaje filosófico más largo. De Aristóteles a Virginia Woolf. (Barcelona: Editorial Gedisa, 1998)

(6) Michel Foucault. Historia de la locura en la época clásica. Trad. Juan José Utrilla. (Colombia: Fondo Cultura Económica, 1998)

(7) La relación de Platón y el mito de la caverna funcionan de la misma manera que El tapiz de la Creación de Gerona, en cuanto muestran un sistema-mundo enteramente varonil. Cf. Luce Irigaray. Espéculo de la otra mujer. Trad. Raúl Sánchez Cedillo. (Madrid: Ediciones Akal; 2007)

(8) Esta palabra “hombre” tan genérico como problemático que encierra, junto con el lenguaje y el discurso que lo actualiza, otro Tapiz de la Creación:

“Me pasaba, terminé por comprender, con ese artículo, lo mismo que me ocurre con las novelas, lo mismo que nos pasa a las mujeres cuando escribimos cualquier cosa, como no sean fórmulas matemáticas. Nos pasan, por lo menos, dos cosas.

“Primera: que el lenguaje nos impide ser sujetos universales, representativos de lo humano. Si nos situamos en el punto de vista de un hombre, estaremos reforzando el statu quo (el monopolio masculino de la condición de sujeto universal) y nos arriesgamos además a que nos vean como impostoras. (Lo cual no les sucede a los hombres que se colocan en el punto de vista de una mujer, como luego mostraré). Si en cambio damos la voz, el protagonismo, a personajes femeninos, se considerará que hacemos, no literatura sin adjetivos: universal, aplicable a colectivos mixtos (los progres, por ejemplo), a toda la condición humana … sino «literatura de mujeres», o para decirlo con la frase completa que se suele emplear: «de mujeres, sobre mujeres, para mujeres».

“Segunda: que le lenguaje está empapado de ideología. El lenguaje habla solo, a través de la gramática (predominio del masculino sobre el femenino) y del léxico, y lo que dice, de mil maneras, es que las mujeres son inferiores, defectuosas y sobre todo, con perdón, putas (palabra esta de la que se conocen innumrables sinónimos, mientras que no existe una sola, que yo sepa, para designas con una connotación negativa al hombre que tiene muchas amantes.” Laura Freixas. La novela femenil y sus lectrices. (España: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Còrdoba, 2009). Pág. 28

(9) Jacques-Alain Miller. Un esfuerzo de poesía. Trad. Gerardo Arenas (Buenos Aires: Paidós, 2016)


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