martes, 21 de diciembre de 2010

Derrida desde Los Andes


 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Autor: Marco Antonio Loza Sanjinés

 

(Este texto fue redactado inicialmente para Le Monde Diplomatique, año 2, Nº 26, edición de Bolivia, noviembre de 2004).




“En principio mi deseo iba por el lado en que el acontecimiento 
literario atraviesa y desborda incluso la filosofía.” 

Jacques Derrida.



“Notemos que escritura y lectura son dos nociones que vienen transformadas de su acepción corriente por un largo trabajo teórico y práctico. La noción de escritura, por ejemplo, puede ser referida a la formulación programática y filosófica de J. Derrida” 

Luis H. Antezana. Álgebra y Fuego


La noticia nos llega desde Radio Francia Internacional: el sábado 8 de octubre (de 2004) murió el filósofo Jacques Derrida...  

Hace tiempo atrás, durante el sepelio de Emmanuel Levinas, Jacques Derrida decía que sabía que, al hablar de Levinas, en el instante del adiós, le temblaría la voz y que le “...gustaría hacerlo con las palabras de un niño, llanas, francas, palabras desarmadas como mi pena.”

Sería difícil para nosotros –al hablar de Derrida y de su obra en el instante de la noticia de su muerte– utilizar “palabras desarmadas como mi pena”, primero que nada porque no sentimos pena ya que no conocimos de él sino su obra filosófica, incluso sentimos un entusiasmo egoísta porque ahora es posible pensar en una “Obra Completa”, además, Derrida –junto con Lacan– nos enseñó que el último significante, el de la muerte, es el que da significancia a la vida (1) y segundo, porque es imposible utilizar palabras desarmadas ante un pensamiento tan complicado y crítico. Tal vez lo mejor sería utilizar palabras llanas y mejor francas.

Diremos pues, que lo primero que leímos de Derrida fue su terrible mamotreto: “De la Gramatología”, aceptamos también que pasamos algún tiempo tratando de entender ese su “paso sobre la Luna” (la expresión es de Philippe Sollers) donde devela lo que él denomina logocentrismo: un etnocentrismo moderno, que puede quebrarse gracias a la escritura explicada de otro modo, explicación materialista que va desde su ubicación espacial y temporal. La Gramatología es el estudio de la escritura y, gracias a Derrida, tuvo un cambio de enfoque fundamental, de tal manera que no hay texto de lingüística que mencione la Gramatología sin asociarlo a Derrida.


El análisis de Derrida comienza verificando que la escritura ha estado siempre bajo el dominio del lenguaje hablado, puesto que éste, al ser “voz”, está más cerca del alma, concepto tan caro a la metafísica. Si la escritura fue considerada desde siempre una apostilla al significante fónico es porque se privilegia lo “interior” frente a lo “exterior”, así el pensamiento es interior, “verdadero” y la escritura exterior, puro reflejo o copia, y al final ése es el origen de los pares de opuestos que dominan el pensamiento que denominamos moderno: interior/exterior, alma/cuerpo, significante/significado, contenido/forma, emisor/receptor, etcétera. Siguiendo la serie, llegamos a que nuestro concepto de verdad está vinculado estrechamente a la razón, al logos, a la foné y que gobierna al conjunto de la actividad científica.


Ahora bien, Derrida comienza su trabajo de deconstrucción (destrucción-construcción a un tiempo) del logocentrismo occidental, allí donde se anida toda presunción de verdad: en el lenguaje y su partícula elemental: el signo lingüístico. De acuerdo a Saussure, el signo lingüístico se desdobla en significante (la imagen acústica) y significado (el concepto), pero para que los signos se articulen formando una lengua es necesario que se diferencien, el “valor” del signo lingüístico es su diferencia; así, existiría en el significado mismo algo que funcione como significante, que selle esa heterogeneidad; no quiere decir esto que se borre la diferencia entre significado y significante saussuriano (2), sino que algo funciona como significante hasta en el significado mismo, ese algo es la huella, el trazo. Existe pues, una primacía del significante... A partir de su estudio de la escritura, Derrida va desglosando una cadena singular de términos que constituyen el trazo mismo de su obra: différance, diseminación, suplemento, parergon, hymen, injerto, pharmakon, etcétera (3).

Pero, antes de ocuparnos de nuestras propias lecturas, queremos aquí recordar la obra de Derrida buscándolo en los textos de intelectuales bolivianos que, leyéndolo, intentaron articularlo en su propia obra. Como hemos visto, grosso modo, la obra derridiana se va tejiendo principalmente en torno a la noción de escritura y entonces, de manera natural, alrededor de la Literatura. La Literatura sería el paradigma del anclaje de la lengua en la escritura, de la primacía del significante. Este enfoque es el que ha posibilitado que el pensamiento de Derrida haya cobrado tanta importancia en literatura. Las Teorías Literarias necesitaban de una renovación, después de Barthes las lecturas se habían tornado estériles o repetitivas, Derrida trae un aire fresco (que derivó luego, es cierto, en algunos de sus seguidores junto con cierto pensamiento postmoderno, en un anarquismo insulso de lectura y escritura). No es raro entonces que fuera entre los literatos que su pensamiento se difundiera más rápidamente. Precisamente a nuestro país llegó de la mano de teóricos literarios formados principalmente en Europa.

Tenemos por ejemplo, a Renato Prada Oropeza que cita, aunque tímidamente, a Derrida (L’ecriture et le différence) en su libro “La Autonomía Literaria” (1976) que es seguramente el primer texto de divulgación de la Semiología que se escribió en Bolivia. Renato Prada pasó varios años en Lovaina (Bélgica) lo que le valió una amplia lectura de las principales corrientes teóricas literarias europeas. Su texto gira en torno a probar la autonomía literaria mediante su “función poética”, para esto recurre principalmente a los trabajos de teoría literaria del Olimpo francés pero, hay que decirlo, su lectura de Derrida apenas es marginal, casi sin peso alguno en su obra, por lo menos en sus libros principales (ver bibliografía).

El teórico boliviano que sí ha trabajado con cierta profundidad la obra derridiana es Luis H. Antezana. Antezana es uno de los intelectuales bolivianos que mayor influencia tiene, su gran capacidad analítica y su extensa erudición lo han situado en esa posición; doctor en filología moderna por la Universidad de Lovaina, sus estudios abarcan desde la literatura comparada hasta la política y sociología contemporánea en Bolivia, pasando por sus ensayos sobre el fútbol. En 1977, publica sus “Elementos de Semiología Literaria” en el que, al tratar las definiciones de escritura y lectura, nos reenvía a “De la Gramatología”, dice: “El tratamiento filosófico y programático de Derrida ha tenido gran influencia en la precisión teórica de la noción de escritura, notablemente.” (p. 79). Él mismo toma a su cargo este reenvío en un libro posterior: “Teorías de la Lectura” (1983), en este libro Antezana procede a ordenar y aclarar el amplio panorama teórico de la lectura de la que la otra cara es la escritura. En el Capítulo III: “Sobre el Texto”, Antezana quiere dar cuenta de las marcas menos explícitas del campo textual, dichas marcas, dice, están diseminadas en el texto de manera que motivan la participación activa del lector, son las indeterminaciones: imprecisiones, ambigüedades, incógnitas, etc. Ahora bien, estas indeterminaciones pueden ser por lo menos de dos tipos: intencionales, es decir, puestas en el texto por el autor y las “inevitables”, aquellas que “son ‘intrínsecas’ al texto literario”. En el campo de éstas últimas se encuentra “el esquivo carácter de la escritura, siguiendo las sugerencias de J. Derrida (sobre todo en De la grammatologie, 1967, y La dissémination, 1972).” El texto que desarrolla Antezana es una verdadera introducción a la noción de escritura de Derrida relacionándolo constantemente con la lectura. Dice: “Las TL [Teorías de la Lectura] suelen suponer este tipo de presupuestos metafísicos y, en algunos casos, la noción de lectura opera como esa lectura oral que haría revivir la escritura muerta.” (P. 96). Así, el modelo del “acto-de-leer” basado en la oralidad pierde el carácter diferencial de la escritura, frente a esto están las posiciones que buscan abrir caminos nuevos a la lectura del texto literario.


La de Derrida es una vía clara y rigurosa, pues la escritura “[t]iene dimensiones lúdicas, irónicas, perversas, festivas que perturban cualesquiera categorías inmutables. Es un joker, señala Derrida, que hace posible el juego diferencial de las significaciones pues carece de un valor determinado, lo que le permite, dicho sea de paso, asumir todos los valores: de ahí el amplio campo de juego que deja para la lectura.” (Pgs. 98-99). “Teorías de la Lectura” es un libro programático, después de él Luis H. Antezana se dedicará casi exclusivamente a leer y así, toda su obra posterior se encamina hacia la crítica literaria con mucho de las bases derridianas.

Existe otro conocido crítico literario que, leyendo a Derrida, a querido “aplicarlo” a su lectura: Oscar Rivera-Rodas, pero debemos decir que su lectura del filósofo francés es poco clara, por ejemplo, propone que el poeta Man Césped sería una especie de precursor de la différance derridiana. (Ver bibliografía).

Existen también, para fortuna del libre pensar, quienes tienen observaciones críticas frente a la obra de Derrida y, en nuestro país, un filósofo de gran renombre y con una cultura amplia: H.C.F. Mansilla. Su posición crítica frente a las posiciones deconstruccionistas y/o postmodernas ha sido siempre radical, ha apuntado sus dardos –en sus múltiples artículos y en algunos de sus libros– no tanto hacia Derrida sino sobre todo contra la utilización acrítica de su obra. Sostiene por ejemplo, en un artículo reciente (4), que “[e]s sintomático que el ataque de los postmodernistas y deconstruccionistas contra el logocentrismo ocurre, por ejemplo, mediante nociones logocéntricas, con ayuda de los mismos conceptos e instrumentos, de la misma gramática y retórica que tanto censuran.” Sostiene que el diluir las fronteras de los opuestos: interior/exterior, etc. lo único que ha logrado ha sido evitarnos el tomar decisiones, nos ha eximido de “realizar esfuerzos intelectuales desagradables” para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre lo importante y lo secundario.

Fuera del campo de la literatura y dentro de la reflexión sociológica, el pensamiento de Derrida se halla reflejado en la obra de Raúl Prada; en su prolífica producción intelectual, la obra de Derrida ocupa un espacio importante, a veces –debemos decirlo– exagerando las citas textuales o la paráfrasis.

Mirando hacia atrás, y para cerrar esta nota, percibimos que Derrida ha influido en los intelectuales bolivianos más que otros pensadores modernos (dejando a Marx de lado), quizá, porque la moda siempre acaba imponiéndose o, tal vez –prefiero creer en esta otra alternativa–, porque su obra filosófica enriquece la manera de ver (o leer) esa cifra que es el mundo.

Notas:

(1) Jacques Derrida. Aporíes. Mourir –s’ attendre aux “limites de la vérité”. (París: Éditions Galilée, 1996)
(2) Derrida sostiene que lo suyo no es una protesta contra la voz ni su intención oponer la escritura a la palabra, sino que se ha “...limitado a analizar la autoridad que se le ha atribuido, la historia de una jerarquía.” En: “Jacques Derrida. Entrevista con Christian Descamps” (Revista ANTHROPOS N° 93)
(3) En su primer trabajo, su “Introducción” al libro: “El Origen de la Geometría” de Husserl, su interés ya se centraba en la escritura y en lo que Husserl dice de la notación gráfica: que no era un momento auxiliar de la matemática. Tratemos de resolver una simple suma con notación romana y nos daremos perfecta cuenta de la veracidad de esta afirmación.
(4) “El estilo literario y las prácticas profanas de los postmodernistas”. En: revista “Atar a la Rata” N°2

Bibliografía

Antezana, Luis H. Elementos de Semiótica Literaria. (La Paz: Instituto Boliviano de cultura, 1977)
–––. Teorías de la Lectura. (La Paz: Ediciones Altiplano, 1983)
–––. Ensayos y Lecturas. (La Paz: Ediciones Altiplano, 1986)
–––. Sentidos Comunes. (Cochabamba: CESU – FASES – UMSS, 1995)
–––. Álgebra y Fuego. Lectura de Borges. (La Paz: Nuevo Milenio, 2000)
–––. Dice que Dijo. Libros y Discursos. (Cochabamba: CESU, 2003)
Derrida, Jacques. De la Gramatología. (México: Siglo XXI, 1978)
–––. Márgenes de la Filosofía. (Madrid: Ediciones Cátedra, 1989
–––. La Escritura y la Diferencia. Trad. Patricio Peñalver. (Barcelona: Anthropos, 1989)
–––. Introducción a "El Origen de la Geometría de Husserl". (Buenos Aires: Manantial, 2000)
Prada, Renato. La Autonomía Literaria. (La Paz: Los Amigos del Libro, 1976)
–––. El Lenguaje Narrativo. (Costa Rica: EDUCA, 1979)
Rivera-Rodas, Oscar. La Modernidad y sus Hermeneúticas Poéticas. (La Paz: Signo, 1991)
Revista ANTHROPOS N° 93. Número monográfico dedicado a Jacques Derrida.

Marco Antonio Loza Sanjinés

Publicado por primera vez en: Le Monde Diplomatique, año 2, Nº 26, Bolivia noviembre de 2004

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