jueves, 4 de junio de 2009

El amor en (Psico) análisis





Autor: Marco Antonio Loza Sanjinés


Publicado por primera vez en: El Juguete Rabioso, año 4, La Paz, Nº 121, enero 23 de 2005

 

La pregunta por el amor


Si hay alguna pregunta que ronda, más temprano o más tarde, en la mente de los hombres es: ¿Qué quiere la mujer? Es la pregunta que, a la vanguardia –como en otros muchos temas–, se hizo Freud y que no llegó a contestar satisfactoriamente. Después vendrá Lacan y dirá que “La” mujer es sólo un espejismo (curiosamente esto coincide con cierto hinduismo que sostiene que la mujer es parte de “maya”, ilusión). “La” mujer pues, de acuerdo a Lacan, no existe, sí existiría el lugar de la mujer, que sería ocupada por una, por otra, ... siempre una a una y esta es la entrada a un tema que marca el destino de todos los seres humanos: el amor.

 

Las respuestas desde el Psicoanálisis


Ahora bien, hay un psicoanalista que, desde la muerte de Lacan, ha ido desarrollando/aclarando su obra. Jacques-Alain Miller, a seguido el mismo camino que realizó Lacan leyendo a Freud; conocedor esforzado de la obra de Lacan y, además, el albacea de su obra, conduce un “Curso” en el que “aclara” a Lacan, recorriendo sus textos, dejándolos hablar, dialogando con ellos, “poniéndolos en tensión” (la expresión es de Graciela Brodsky) y, en este su leer la obra lacaniana, ha ido guiando una visión muy interesante sobre la vida amorosa desde el psicoanálisis, y lo que pretendemos en esta nota y en las que podrán seguir es compartir este recorrido basándonos en algunos textos de Jacques-Alain Miller.

En una “Charla sobre el amor” (1), Miller hace una lectura de las “Aportaciones a la Psicología de la vida erótica” de Freud (son tres sus aportaciones: “Sobre un tipo especial de la elección de objeto en el hombre”, “Sobre la degradación más generalizada de la vida erótica” y “El Tabú de la Virginidad”) y va ordenando los principales conceptos de Freud desde un punto de vista lacaniano.

Miller toma a la letra del título que recoge las tres aportaciones de Freud: “Beiträge zur Psychologie des Liebeslebens”, Jacques-Alain Miller interpreta que Liebeslebens en Freud, articula el amor y el goce y es un esfuerzo de pensar la relación sexual, de cómo se relacionan hombres y mujeres y lo hace a partir de sus dificultades, porque no hay duda que en Freud los problemas entre hombres y mujeres aparecen constantemente, sobre todo del lado de los hombres; Freud nos muestra, en el final de “El Tabú de la Virginidad”, una solución del lado femenino, la “solución Judith” (2), pero la cuestión sigue siendo cómo se relacionan hombres y mujeres y cómo se eligen mutuamente, es decir, cómo se da la elección de objeto.

Miller nos aclara que cuando Freud habla de elección de objeto nos indica siempre la elección de otro ser humano y, además, de otro sexo, para Jacques-Alain Miller es discutible si el amor homosexual entre hombres merece ser llamado amor, no ocurre lo mismo con la homosexualidad femenina, puesto que una mujer siempre tendrá el valor de otro para otra mujer. Miller observa que Freud en ningún momento habla de “La” mujer sino de dos tipos de mujer, y los ordena en la oposición de dos conjuntos: Madre y Puta. (Miller aclara que la palabra alemana que utiliza Freud es “Dirne”, que no se refiere a la prostitución por dinero sino que se la emplea para rechazar a una mujer por su infidelidad.).

Decíamos que Miller ordena lógicamente la reflexión de Freud en dos conjuntos y va relacionándolos, en el primer texto: “Sobre un tipo...” Freud plantea un caso en el que hay equivalencia de ambos conjuntos; en el segundo: “Sobre la degradación...”, por el contrario, presenta un caso en el que ambos conjuntos son diferentes, se trata pues, en Freud, de contestar a la pregunta: “¿cómo gozar de una mujer?”, es decir, ubicar el problema de la elección de objeto desde el lado de los hombres.

Miller observa también que cuando el hombre elige siempre anda con problemas, pues no todas van, a veces sólo con una va y no con las otras; en otros casos ninguna va, y existe la posibilidad –utópica– en el que todas vayan, es la posibilidad del Don Juan, para el que sí existiría “La” mujer: cualquier rasgo que tuviera una mujer bastaría para que fuese reconocida como mujer elegible. De lo que podemos concluir que no hay un rasgo puro de la femineidad que la haga elegible como pareja, como partenaire, sino que, desde el punto de vista del hombre, inventamos diferentes rasgos para “reconocer” a una mujer, es decir, para elegirla, y un medio para inventar es el delirio, los hombres muchas veces somos delirantes frente a una mujer. (3)

Extendiendo la idea, cuando un hombre y una mujer eligen se encuentran con que no todas las posibles parejas están autorizadas, sino solamente algunas, para Lacan todo esto proviene del Edipo freudiano, puesto que es la matriz que indica al compañero prohibido. Tanto en la mujer como en el hombre el objeto elegido es la madre que es, al mismo tiempo, el objeto prohibido y si la madre está prohibida entonces debe hacerse otra “elección” y sustituirla, lo que implica que no va a ser una elección satisfactoria; desde el punto de vista de la mujer, esto se complica todavía más, puesto que si la madre es el objeto prohibido también lo es el padre. Frente a esto, Freud habla de las “condiciones de amor”.

La “condición de amor” es “una cierta disposición [en el sujeto] que desencadena automáticamente el deseo sexual y [le] hace elegir a ese objeto como objeto de amor.” (Miller). Es decir, que no hay verdadera “elección” en el sujeto puesto que cuando se realiza tal condición, el amor se desencadena automáticamente. Todos los objetos funcionan como sustituto de la madre. Jacques-Alain Miller observa que es increíble que antes de Lacan no se haya visto que en Freud está presente la sustitución, es decir, la metáfora y el desfile de los objetos sustitutivos que es la metonimia y lamentablemente sólo hay sustitutos: maridos y esposas todos sustitutos, ninguno es genuino.

Ahora bien, la elección, con todas sus salvedades, se sitúa en el reconocimiento de aquel objeto del otro sexo que puede convenirle, y ése lugar está ocupado generalmente por la relación del Amo y del Siervo, y el problema que suscita es siempre saber cuál de los dos está en el lugar del Amo y cuál en el del Siervo, o sea, –observa Miller– la relación sexual que no hay (es decir, no hay «proporción» entre los sexos) se trata de cifrarla en una relación de poder.

Jacques-Alain Miller introduce en este lugar, un análisis interesante que hizo Lacan al constatar que en Freud la elección de un tipo particular de objeto se encuentra mediado por otro. Freud parte de su experiencia analítica para sostener que una condición para que un hombre elija un objeto particular es que pertenezca a otro, normalmente al padre, o también al marido, esta pertenencia le confiere un “valor” al objeto, ese valor que, utilizando la terminología lacaniana, es ser el “agalma” (4) del Otro.


Notas:


(1) Intervención de J-A M en el “Simposio del Campo Freudiano”, recogido en: “Introducción al Método Psicoanalítico”, (Argentina, Paidós: 1998).

(2) Freud se refiere a la Judith de la obra dramática de Hebbel: “Judith y Holofernes”, en aquella obra Judith está protegida por el tabú de la virginidad, su primer marido, temeroso, no se atrevió a acercarse a ella. Cuando Holofernes sitia su ciudad ella concibe el plan de seducirlo aprovechando su belleza, el temible Holofernes la desflora y ella aprovecha la indignación que siente para decapitarle y convertirse así en heroína para su pueblo. Freud sostiene que la decapitación es un sustituto de la castración, de ese modo Judith es la mujer que castra al hombre que la a desflorado. Freud concluye que el desfloramiento no sólo ocasiona una ligazón duradera de la mujer al hombre sino también, una hostilidad arcaica, manifestada a veces en problemas en la vida erótica conyugal, lo cual también explica en parte porque muchas mujeres son más felices en sus segundas nupcias. Habría otra “solución” desde el punto de vista femenino: el “entre-amigas”...

(3) En otro lugar, J-A M nos presenta una elaborada concepción de Lacan siguiendo la lección de Freud: que la mujer siempre es “otra” que ella misma, así se entiende –dice Miller– porqué las mujeres pasan tanto tiempo frente al espejo: es “un esfuerzo por reconocerse en él, o para asegurarse de ser otra de lo que es”, y –continúa– “...es posible que una mujer no pueda reconocerse sino bajo la condición de asegurarse de ser otra.” En: “Lógicas de la vida amorosa”. (Buenos Aires, Manantial: 1991/2000)

(4) Agalma es una palabra griega que, en uno de sus significados antiguos, quiere decir el valor de la joya guardada, del tesoro oculto.

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