sábado, 8 de octubre de 2016

La muerte de un crítico






La muerte de un crítico


Autor: Marco Antonio Loza Sanjinés

 Marcel Reich-Ranicki 

 

En septiembre de 2013, moría en Fráncfort del Meno, el ultimo crítico literario activo que conoció la literatura en el mundo, decimos: “activo”, para diferenciarlo de la multitud de críticos literarios para los que es más importante publicar largos ensayos sociológicos con intención literaria. 

Marcel Reich-Ranicki, era, como sostenía Javier Marías, el “discernidor máximo” de la literatura de su país adoptivo: Alemania y de otros orbes, fue temido por los escritores ya que su crítica se sostenía en leves y sutiles elementos del lector extraordinario que era. De origen judío, nacido en Polonia, adoptó la lengua alemana con todas sus consecuencias: nunca llegó a dominarla. Desde las páginas de los periódicos Die Welt, Die Zeit, FAZ y, después, desde un programa de televisión: “El cuarteto literario”, logró una jerarquía y un lugar importante en la literatura alemana.
Lo recordamos aquí, mediante un episodio que, en su vida de crítico literario, tuvo una singular importancia.

“Tod eines Kritikers” (Muerte de un crítico)

 

Todo comenzó cuando Martin Walser (1) decidió que su novela: “Muerte de un crítico” fuera publicada de manera anticipada en el periódico alemán Frankfurter Algemaine Zeitung (FAZ), Franz Schiremacher, el director del suplemento de cultura del diario se negó a hacerlo, las razones las expuso por escrito en una carta pública a Walser publicada en el mismo diario. Es esta carta la que despertó toda la crítica alemana contra Walser. En la carta se sostiene que: “Su novela es una ejecución en regla. Un ajuste de cuentas —¡dejemos de lado, ya desde un principio, el juego del escondite con los juegos ficticios! — con Marcel Reich-Ranicki”.

En su autobiografía, Reich-Ranicki cuenta que siendo adolescente y viviendo en Polonia había decidido ser crítico literario especializado en literatura alemana, a la que ha llamado su “patria portátil”. Precisamente sobre la crítica literaria y la función del crítico literario, Reich-Ranicki dice:

Digámoslo enseguida y con firmeza: quien no está dispuesto a escribir para un amplio público, quien no puede exagerar para llevar las cosas a un extremo, al filo de la navaja, será un útil, quizá incluso un destacado científico literario, pero en la crítica no se le ha perdido nada.” (Humboldt 117: 71). Y agrega: “… de la misma manera que sin Gutenberg no podríamos imaginarnos los periódicos, sin los periódicos no hubiera habido ninguna crítica. Hasta hoy sigue siendo [la crítica literaria] sobre todo una mezcla de periodismo y ciencia.”

El énfasis y la exageración serian pues las pautas de una crítica que realmente intenta mostrar al lector, compartir con él, lo leído, interesarlo o —mejor aún— sorprenderlo. Ahora bien, es sabido que a Reich-Ranicki se le acusaba de haber transformado la estética en una moral: “Lo que no me entretiene, es malo”, “hay que aplastar a quien escribe un libro malo. Eliminación de basuras” (se queja Walser), pero, ¿realmente no es esa la función de la crítica: ser claro, llamar a los libros por su nombre? 

La consecuencia de ser consecuente y amar apasionadamente la literatura (Reich-Ranicki, conoció desde muy temprano las obras de Schiller, Goethe, Thomas Mann, Heinrich Heine, después la de los primeros críticos literarios alemanes: Gotthold Ephrain Lessing, Ludwing Dörne, Theodor Fontane) fue que el número de sus enemigos fue aumentando como las ruinas que, asombrado, veía crecer el “ángelus novus” de Walter Benjamin.

Y, entonces, llega la novela de Martin Walser. Uno de los más vendidos en Alemania. Allí Walser utiliza a Landolf, un investigador de la Mística (narrador en primera persona) que se entera de que su amigo (Hans Lach) ha sido encarcelado acusado de un asesinato. El muerto es un crítico literario (Ehrl-Köning) que ejerce su oficio desde un canal televisivo, el investigador se entera de que de él sólo quedó su jersey ensangrentado ya que no se encontró su cuerpo. Landolf, entonces, viaja a Múnich, lugar del suceso, e interroga a los círculos literarios de allí, de cómo ocurrieron las cosas, luego se retira y comienza a anotar lo que ha escuchado, el ordenamiento que realiza va hilando la cadena de vanidades que rodean a estos círculos. Es posible reconocer a muchas figuras del mundo literario alemán. Pero dedica también páginas a describir la crítica despiadada que realizaba Ehrl-Köning y sus consecuencias en el criticado: “Ningún ser humano puede estar cercano a ti cuando te sientes humillado. Nadie puede desagraviarte. Existe sólo la falta cometida, nada más.” Pero, además, Walser dota al personaje de Ehrl-König de características fácilmente reconocibles de Reich-Ranicki, por ejemplo, escribe: “Ehrl-Köning era la versión de opereta del occidente judeo-cristiano”, o “… era ahora, que Hans Lech había matado realmente a un judío”, Ehrl-König, no pronuncia bien el alemán, lo hace con acento judío y padece del complejo de mesías ya que “el kerrítico padece por los pecados del esscrritorr” (sic). 

Por si fuera poco, Ehrl-König, tiene ancestros judíos, víctimas del holocausto, todas estas señas del personaje, construido por Walser, hicieron pensar a la crítica alemana que Walser pasaba por novela su odio hacia Reich-Ranicki —cuya crítica en un tiempo fue muy dura para él— y un antisemitismo explícito (en su novela figuran alusiones a citas de Hitler). 

Entre tanto Walser se defendió sosteniendo que su novela era “literatura pura” y por ello estaba protegida por las reglas estéticas y nada más. Walser aludía al final feliz de su novela, puesto que Ehrl-König no ha sido asesinado, sino que pasó algunos días en la mansión de su amante, pero conocer este final no impidió, entre tanto, que el libro de Walser se haya vendido por miles. Así es la literatura.

Nota:


(1) Martin Walser, es un escritor consagrado de Alemania, vivió el siglo veinte con todas sus consecuencias: participó en la segunda guerra mundial y fue activo integrante del denominado Grupo del 47, del que formaban parte entre otros: Günter Grass o Ingeborg Bachmann. 

El libro de Walser: “Tod eines Kritikers” (Muerte de un crítico) fue publicada a fines del mes de julio de 2002 por la editorial Suhrkamp. La nota de Frank Schiremacher publicada en el diario FAZ, fue traducida al español por la revista Kulturchronick (Nº 4, 2002), donde también aparecieron dos notas, una de Joachin Kaiser y otra de Martin Meyer. También, en el número 137 de Humboldt apareció un texto de Ruth Klüger escrito primero en el Frankfurter Dundschan. Finalmente, Marcel Reich-Ranicki (de)mostró la tradición que lo sustenta como crítico, en su ensayo de agradecimiento al premio Ludwig Börne a la crítica literaria.





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