viernes, 29 de mayo de 2009

Cuadros de una exposición: Las narraciones de Rilke


 

Autor: Marco Antonio Loza Sanjinés


Publicado por primera vez en la revista literaria Atar a la Rata, Cochabamba año 1, número 5

“¿Por qué es el público tan insolente respecto a la literatura? Porque domina la lengua. La gente osaría también enfrentarse con las demás artes si existiera un medio de entenderse, mediante el canto, embadurnándose de pintura, tirándose yeso. La desgracia es precisamente que el arte de la palabra opera con un material que cada día es manoseado por la plebe. He aquí por qué la literatura no tiene remedio. Cuánto más se aleja de la comprensibilidad, con tanta mayor impertinencia reclama el público su material. Lo mejor sería ocultar la literatura al público, hasta que aparezca una ley que prohiba a las gentes el uso de la lengua corriente y sólo les sea permitido servirse, en casos urgentes, de un lenguaje por señas. Empero, antes de que aparezca esta ley, probablemente habrán aprendido a responder con un bodegón a la pregunta del aria «¿Cómo marcha el negocio?»” 

Karl Kraus

Las narraciones de Rilke

 

Creemos que el largo y sabio epígrafe de Kraus, que balconeamos aquí y que tiene su correlato en una frase de Goethe (1), no sólo se refiere a la impertinente mirada que pueda colarse de alguien con ínfulas de crítico literario, sino también a los escribidores de toda especie, que tan solo por conocer la lengua que aprendieron en la cuna y la escritura que aprendieron después, ya se creen en posición de escritores. Por eso aquí, nos adelantamos a la premonición de Kraus e intentamos conjurarla leyendo a un grande de las letras.

Llamamos cuadros de una exposición a las primeras narraciones de René Karl Wilhelm Johann Josef Maria Rilke (con éstos nombres lo bautizaron sus padres, llegó Lou Andréas-Salomé y lo rebautizó como Rainer y con ello lo invistió definitivamente como poeta) publicó en 1898, es decir, un año después de conocer a Lou (amiga, amante, confidente, “consolatrice”).

A Rainer Maria Rilke (1875-1926) se lo conoce abundantemente por su poesía: “El libro de horas”, “Nuevos poemas”, sus maravillosas “Elegías de Duino”. También está su relato: “Los apuntes de Malte Laurids Bridge”; pero seguramente son menos conocidas sus piezas dramáticas y sus narraciones. De éstas últimas preparó historias cortas: “Al filo de la vida” (Am Leben Hin) en 1898, “Dos historias de Praga” en 1899, “Del buen Dios y otros cuentos” en 1900 y “Los últimos” en 1902. “Am Leben hin” fue traducida al español por Alba Editorial (2) con el título: "A lo Largo de la Vida", se trata de once cuentos cortos donde se perciben las huellas del gran maestro: tragedia, humor, vida.

Veamos algunos cuadros.

La fiesta familiar


La narración corre como un poema. Es decir, tiene el ritmo de un poema. Cada elemento de la narración va encajando lentamente en otro, tejiendo, con pocas palabras, la densa historia de una familia. Historia familiar que es la historia de las muertes de sus miembros y las conmemoraciones de éstas. En el octavo aniversario de la muerte de Anton von Wick, se organiza una fiesta en la que la palabra equivocada de un criado, que ha servido a varias generaciones de los Von Wick, logra que la amable fiesta se transforme en lo que verdaderamente debiera ser: la grotesca celebración de la muerte.
La sutileza de la narración de Rainer Maria Rilke se encuentra en la elegante puesta en escena de los protagonistas y del ambiente que van creando a su alrededor.

Dicha blanca


Theodor Fink, empleado de seguros se encuentra en la sala de espera de una estación de trenes, no los ve pero sabe que a su alrededor, en medio de la penumbra, se encuentran otras personas: sentadas, recostadas. Es medianoche. Al encender un fósforo encuentra una voz, una voz que le habla de la luz que deslumbra tanto, de paredes blancas, de flores también blancas. Theodor Fink no puede verla y tampoco entenderla, luego hará lo que tiene que hacer. Quien compare esta narración con “El guardagujas” encontrará afinidades electivas en el cuento de Arreola.

El secreto 

 

Klothilde y Rosine viven juntas gracias a un secreto. El secreto está encerrado en un pequeño cofre: la “caja de los valores”. Klothilde es la dueña de la “caja de los valores” y Rosine cree que viviendo juntas, algún día compartirán el secreto encerrado, puesto que: “... si dos personas viven día tras día juntas una al lado de la otra, beben a mediodía el mismo vino, toman la misma sal, tienen la misma hambre y se molestan mutuamente con sus ronquidos, tienen que convertirse, si no en una unidad, sí en una totalidad simétrica, cuyas mitades coincidirán por completo.” Pero claro, como sucede en la tragedia griega, Rosine encontrará que conocer el secreto es, al mismo tiempo, encontrar su destino.

La huida 

 

Hay mucha vida en este cuento. Fritz es un estudiante enamorado de Anna; en una iglesia planean su huida, después de planearla se despiden. Él regresa a su casa y en la noche piensa: “Cuando dos se quieren de verdad...”, pero cuando llega el amanecer “...estaba sentado tiritando de frío en las almohadas y sabía con toda seguridad: Ya no quiero a Anna.” Aun así Fritz acude a la cita, temprano en la mañana, en una estación de trenes; luego sabrá que, a veces, hay que huir del amor.

Kismet

 

“Apuntes de la vida de los gitanos” la subtitula Rilke, es el mejor cuadro de la exposición, todo es insinuación, pinceladas breves, imágenes difuminadas. La silueta de una carreta de gitanos se recorta en el fondo de un atardecer, a su lado dos imágenes conversan. Král es ancho y pesado, Tjana tiene cara de niña, hablan sobre la llegada de Prokopp. Por el camino viene Prokopp. “Su cuerpo de adolescente se recortaba sobre la penumbra plateada”. Král y Prokopp tienen que pelear por el amor de Tjana: “...entonces la figura delgada y ágil se fue volviendo cada vez más vaga e imprecisa y se perdió por el camino que había tomado Král...”

"Poema-cosa"


Estos son algunos cuadros de la exposición de Rilke, el que cultivó y popularizó el término: Dinggedicht (poema-cosa), hay que mirarlos/leerlos atentamente como a las esculturas de Rodin o a los cuadros de Cézanne (artistas a quienes él admiró y eligió como modelos).

Hasta dan ganas, para cerrar, de retornar al gran Karl Kraus y parafrasear una expresión que él deslizó en otro contexto: La literatura así, se convierte en figura.

Notas.-

 

(1) ”Por el simple hecho de hablar, cualquiera se cree capacitado para hablar también sobre el lenguaje.”
(2) Rainer Maria Rilke. A lo largo de la vida. Trad. Anton Dieterich, (Alba Editorial: Barcelona, 1997). Todas las citas han sido tomadas de este libro que se deja leer gracias a la generosidad del Goethe Institut de La Paz Bolivia.

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